Grigori Teplov y el caso de sodomía en la Rusia del siglo XVIII
Nueve siervos acusan a su amo de violación.
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«Tras hacerlo llamar a su lecho, primero lo halagó con caricias y le tendió promesas de recompensa; y, al final, también lo intimidó con amenazas de azotarlo, obligándolo a cometer muzhelozhstvo (literalmente, “yacer con un hombre”) sobre él». Esta frase procede del protocolo de interrogatorio de un campesino siervo, quien acusaba a su amo, el estadista Grigori Nikoláievich Teplov, de «muzhelozhstvo» (un término histórico jurídico y eclesiástico que suele traducirse como «sodomía») y de violación. Los materiales de esta investigación permanecieron en los archivos de la Expedición Secreta (ruso: Тайная экспедиция; Tainaya ekspeditsiya) durante más de dos siglos, hasta que en 2013 el historiador Mijaíl Osokin los descubrió y los introdujo en el circuito académico.
En el siglo XVIII, Teplov se labró una carrera poco común: partiendo de un origen humilde, llegó a convertirse en una figura destacada en la corte. Antes de adentrarnos en el proceso judicial y en sus consecuencias, sigamos el camino de Teplov hacia las cumbres del poder.
«… su vicio era amar a los muchachos; y su virtud, estrangular a Pedro III.»
— el aventurero y escritor veneciano Giacomo Casanova, «Historia de mi vida»
Infancia y juventud
Grigori Nikoláievich Teplov nació en Pskov. El año exacto de su nacimiento es desconocido: propenso a la mistificación, Teplov indicó 1714 o 1716 en documentos durante su vida, pero en su lápida en la iglesia de San Lázaro del monasterio de Alejandro Nevski (ruso: Александро-Невская лавра; Aleksandro-Nevskaya lavra) está grabado 1711.
El padre de Teplov servía como fogonero (ruso: истопник; istopnik): se ocupaba de calentar y reparar las estufas. Se cree que el apellido provino de ese oficio. Sin embargo, en la sociedad circulaban rumores de que el verdadero padre de Grigori era un jerarca de Pskov, y posteriormente el influyente arzobispo de Nóvgorod, Feofán Prokopóvich (ruso: Феофан Прокопович) —un intelectual de la época de Pedro el Grande y organizador de la educación—. Según esta versión, el jerarca eclesiástico entregó a su hijo ilegítimo al fogonero para que lo criara, con el fin de ocultar la violación de su voto de celibato.
Estos rumores se confirman indirectamente por la colosal atención y los fondos que Prokopóvich invirtió en el muchacho. Teplov se educó en la elitista escuela episcopal del Metoquión de Kárpovka (ruso: Карповское подворье; Karpovskoye podvorye) en San Petersburgo, y luego, a expensas personales de su protector, viajó a Prusia para estudiar botánica y filosofía.
A su regreso, se integró en el entorno académico. En 1741 o 1742, Teplov ingresó al servicio de la Academia de Ciencias de San Petersburgo y recibió el cargo de adjunto (profesor asistente). Se dedicó a la botánica y, al mismo tiempo, dictó conferencias sobre Christian Wolff. Este pensador alemán era entonces sumamente popular en Europa: se le valoraba por su afán de construir la filosofía como un sistema riguroso con una deducción coherente de proposiciones. Para muchos estudiantes y funcionarios del siglo XVIII, el wolffianismo servía como una cómoda introducción a la ciencia.
Paralelamente a su servicio, Teplov se dedicó a la pintura, que en la escuela de Prokopóvich se consideraba una parte importante de la educación. Hoy se conocen cuatro obras suyas: una se conserva en el Hermitage y tres más en el Museo-Hacienda de Kúskovo, en Moscú.

Teplov pintaba naturalezas muertas en el estilo de los obmanki (del francés trompe-l’œil — «engaño del ojo»), que crean la ilusión de que los objetos representados existen en el espacio tridimensional real. Sin embargo, la pintura no se convirtió en su ocupación principal: la carrera posterior de Teplov resultó estar ligada a peligrosas intrigas políticas.
En 1740 se vio implicado en el caso del ministro del gabinete Artemi Petróvich Volynski, acusado de conspiración contra el Estado. Entre las pruebas figuraba un cuadro con el árbol genealógico de Volynski. Debía subrayar la conexión de la familia con la dinastía Rúrikida (ruso: Рюриковичи; Ryurikovichi) y justificar así posibles aspiraciones al trono. Volynski encargó a Teplov pintar este cuadro.
Teplov eludió el castigo: el cuadro fue destruido a tiempo y él logró demostrar que su participación fue puramente técnica. Según sus palabras, solo esbozó el árbol a lápiz bajo la dirección de otro conspirador. Volynski fue ejecutado y Teplov fue absuelto.
La dirección de la Academia de Ciencias
El favorito de la emperatriz Isabel Petróvna, el conde Alekséi Grigórievich Razumovski, apreció la formación de Teplov y le confió la educación de su hermano de quince años, Kiril. Teplov se convirtió en el mentor del joven, y juntos emprendieron un viaje educativo por Europa. Kiril estudió en Königsberg, Berlín y Gotinga, tras lo cual visitaron Francia e Italia.
En la primavera de 1745 los viajeros regresaron a San Petersburgo, y apenas un año después, Kiril, de dieciocho años, fue nombrado presidente de la Academia de Ciencias —la principal institución científica del Imperio ruso—. Un nombramiento tan temprano no se explicaba por los méritos del joven, sino por la colosal influencia de su hermano mayor en la corte.
Formalmente, la Academia estaba presidida por Kiril Razumovski, pero la gestión real se concentró en manos de Teplov. Tras ocupar varios puestos clave, monopolizó todas las decisiones principales, mientras que Razumovski se limitaba a firmar los papeles que él preparaba. Teplov se comportaba como si la Academia fuera su principado personal.

Según los testimonios de los académicos, Teplov resultó ser un pésimo dirigente. De un administrador se esperaba que apagara los conflictos en el entorno científico, pero Teplov, por el contrario, avivaba la enemistad y él mismo se peleaba constantemente con los profesores.
Cierta vez apareció en la Academia un panfleto anónimo que se burlaba de los científicos y criticaba cáusticamente al propio Teplov. Sospechando de la autoría del poeta Vasili Kirílovich Trediakovski (supuestamente por reconocer su estilo de escritura), Teplov no se limitó a una queja oficial por «conducta impropia»: llamó al poeta a su despacho y «amenazó con atravesarlo con su espada».
El conflicto más agudo y prolongado del administrador estalló con Mijaíl Vasílievich Lomonósov. El científico estaba tan cansado de los constantes enfrentamientos que pidió a la emperatriz que librara a la Academia del «yugo de Teplov». Sin embargo, las conexiones cortesanas del favorito resultaron más fuertes: las quejas de Lomonósov quedaron sin consecuencias y sus colegas tuvieron que resignarse. Con el tiempo, las confrontaciones abiertas se atenuaron, pero el sordo descontento con Teplov no desapareció.
El servicio de Teplov en la Pequeña Rusia
Los hermanos Razumovski procedían de un entorno cosaco. En 1750, Isabel Petróvna nombró a Kiril Razumovski hetman —el jefe de la administración y el ejército cosaco de la Pequeña Rusia (ruso: Малороссия; Malorossiya, como se llamaba en el imperio a las tierras de la actual Ucrania de la Margen Izquierda, junto con los alrededores de Kiev y Cherníhiv)—.
Junto con el hetman, Grigori Teplov también partió hacia la Pequeña Rusia. Al ocupar un puesto clave en la cancillería, concentró en sus manos todo el flujo de documentos. El control sobre los decretos convirtió a Teplov, de facto, en la segunda persona de la región después de Razumovski.
El legado administrativo de Teplov en la Pequeña Rusia resultó ser ambivalente. Por un lado, bajo su mandato floreció el soborno, y fue él quien preparó el terreno para la servidumbre de los campesinos locales. Teplov redactó la famosa «Nota sobre los desórdenes en la Pequeña Rusia», que sirvió como principal justificación ideológica para la liquidación del hetmanato por Catalina II en 1764. En este documento, criticaba los abusos de la élite cosaca e insistía en la unificación imperial. Según la versión tradicional del historiador Serguéi Mijáilovich Soloviov, la nota fue encargada por la propia Catalina, pero los investigadores modernos (en particular, Tatiana Anatólievna Kruglova) creen que Teplov comenzó a trabajar en ella ya durante el reinado de Isabel Petróvna.
Por otro lado, Teplov planeó abrir la primera universidad de la Pequeña Rusia en Baturyn y recopiló escrupulosamente materiales sobre la historia local. Más tarde, esta información formó la base de una de las primeras obras históricas sobre la región, gracias a lo cual Teplov es considerado uno de los pioneros de la historiografía ucraniana.
Matrimonios y relaciones con Pedro III
Grigori Teplov se casó dos veces. Su primera esposa, una sueca que le dio dos hijos, murió en 1752 por causas desconocidas.
Dos años después, Teplov se casó por segunda vez: con la sobrina de Kiril Razumovski, Matrióna Gerásimovna Demeshko-Streshentsova. Aunque el matrimonio era oficial, las relaciones de los cónyuges seguían siendo abiertas. En 1756–57, el gran duque Piotr Fiódorovich (el futuro emperador Pedro III) se encaprichó apasionadamente de Matrióna. El romance terminó de forma anecdótica: la amada envió al gran duque una carta de cuatro páginas, exigiendo una respuesta por escrito. Pedro, que albergaba una aversión orgánica por la lectura y la escritura, montó en cólera, y el romance cesó al instante. La vida familiar de los Teplov tampoco funcionó: en 1776, Matrióna abandonó a su marido y vivía, según sus palabras, «a expensas de otros».
El papel de Teplov en el ascenso al poder de Catalina II
Tras ascender al trono a finales de 1761, Pedro III no olvidó los viejos agravios. El 2 (13) de marzo de 1762, Teplov fue arrestado y arrojado a la Fortaleza de San Pedro y San Pablo (ruso: Петропавловская крепость; Petropavlovskaya krepost) por «palabras irrespetuosas sobre el emperador». La intercesión de Razumovski salvó al prisionero de la tortura: pronto Teplov fue liberado, se le concedió el rango de consejero de Estado en activo, pero fue enviado inmediatamente al retiro con la orden burlona de acompañar al emperador al violín.
Esta humillación empujó a Teplov a las filas de los conspiradores que preparaban el derrocamiento del emperador. El golpe de Estado tuvo éxito: Pedro III fue apartado del poder, pronto murió «repentinamente» y Catalina II ascendió al trono.
Como uno de los participantes más instruidos en la conspiración, Teplov recibió un encargo crucial: redactar el manifiesto sobre el ascenso de Catalina al trono. La tradición histórica también le atribuye la autoría del humillante texto de abdicación de Pedro III, escrito en primera persona.
En las memorias europeas (en particular, las de Giacomo Casanova y el diplomático Georg von Helbig), arraigó el mito de que Teplov participó personalmente en el estrangulamiento del monarca depuesto en Ropsha. La ciencia moderna niega su participación directa en el asesinato, atribuyendo la culpa a Alekséi Grigórievich Orlov y Fiódor Serguéievich Bariatinski, pero los rumores sobre Teplov como principal ideólogo de la represalia se afianzaron firmemente.
«Reconocido por todos como el estafador más engañoso de todo un Estado; y, sin embargo, muy hábil, zalamero, codicioso, dúctil: dispuesto a emplearse en cualquier asunto por dinero».
— el embajador austríaco, conde Florimond Claude de Mercy-Argenteau, de un despacho diplomático
La participación en el golpe elevó a Teplov a la cúspide de su carrera. Recibió veinte mil rublos y varios altos cargos gubernamentales, cenaba regularmente con Catalina la Grande y elaboraba reformas de Estado para ella.
Sin embargo, ya en 1763 su posición se tambaleó: se abrió contra el favorito un caso de sodomía sin precedentes.

El caso de sodomía que implicó a campesinos siervos
Nueve campesinos siervos acusaron a su amo Grigori Teplov de violencia sexual prolongada. Según sus palabras, durante seis años obligó a los sirvientes a realizar actos que en los documentos de la época se denominaban «muzhelozhstvo». Durante mucho tiempo los campesinos guardaron silencio, pero luego se unieron y presentaron una queja colectiva.
La petición (ruso: челобитная; chelobitnaya) fue enviada a la oficina de quejas de la emperatriz, dirigida por Iván Perfílievich Yelaguin. Yelaguin prometió llevar el asunto a Catalina II, pero prefirió esconder el papel bajo la alfombra, probablemente para evitar un escándalo en torno a un dignatario influyente. Durante algún tiempo pareció que la historia no saldría a la luz, pero pronto la esposa de Teplov se enteró.
Matrióna Teplova recibió una copia de la petición de una pariente de una de las víctimas. Quedó conmocionada, «presa de gran aflicción y llorando», y luego mandó llamar al siervo para comprobar personalmente la veracidad de las acusaciones. Pronto Kiril Razumovski también se enteró del escándalo (aunque no se descarta que hubiera adivinado lo que estaba ocurriendo incluso antes).
Al enterarse de la queja, Teplov decidió hablar con cada uno de los rebeldes a solas. Los llamó uno por uno a su dormitorio e intentó disuadirlos de tomar más medidas. Según los campesinos, el amo explicó que, como funcionario influyente y persona cercana a la emperatriz, evitaría el castigo en cualquier caso.
También les recordó que a los propios querellantes les esperaban inevitablemente represalias: los siervos casi no tienen derechos, y la investigación y el tribunal siempre creerán al «amo» más de buen grado que al «sirviente». A juzgar por estos relatos, Teplov no tanto amenazaba como constataba cínicamente los hechos, tratando de detener el curso del caso.
«…¿cómo os atrevisteis a presentar a Yelaguin una petición sobre mí? Sabéis que LA EMPERATRIZ me favorece, y soy un hombre útil, y LA EMPERATRIZ no querrá perderme de entre su gente, y siempre se me puede creer más que a los sirvientes. […] y en cuanto os lleven a declarar, empezarán a torturaros, y en cuanto a mí, aunque me pregunten, solo diré que me acusasteis en vano, y así os torturarán hasta la muerte».
— Grigori Nikoláievich Teplov, según las palabras de los campesinos de los materiales de investigación de la Expedición Secreta
Cuando quedó claro que no se podía evitar un proceso oficial, Teplov intentó persuadir a los siervos para que dieran falso testimonio. Les propuso que expresaran otra versión: como si hubieran visto al amo con alguna «moza» y lo hubieran acusado por error de algo que no había sucedido. Esto permitiría reclasificar la grave acusación de violencia como una denuncia falsa menos peligrosa. Teplov les aseguró que el castigo por tal calumnia sería relativamente leve, por ejemplo, unos azotes ordinarios. A cambio, prometió dar la libertad a todos los que lo desearan.
Para guardar las apariencias, los campesinos aceptaron y prometieron confirmar la versión inventada. Sin embargo, no retrocedieron en sus intenciones: presentaron en secreto una nueva petición ya directamente a Catalina II.
La emperatriz entregó el caso a la Expedición Secreta adscrita al Senado, el máximo órgano de la policía política bajo la dirección de Stepán Ivánovich Sheshkovski. Este departamento se encargaba de investigar casos de especial importancia, principalmente delitos de Estado.

La investigación y los testimonios de los siervos
En los materiales de la investigación figuraban las palabras skvernodeystvie («acto obsceno») y la expresión «hacer suciedad en la mejilla», la terminología burocrática oficial de la Expedición Secreta para designar el sexo oral.
El primero en testificar fue Vlás Kochéyev. Anteriormente había pertenecido a Kiril Razumovski, y al alcanzar la mayoría de edad fue transferido a Teplov como kamerdiner (del alemán Kammerdiener — «sirviente de habitación», ayuda de cámara). Sus deberes incluían el servicio diario del amo: era responsable del guardarropa, ayudaba con el afeitado y el baño, y lo acompañaba en los viajes. Kochéyev estaba casado, pero el matrimonio no lo protegió del acoso del señor. Durante el interrogatorio, describió lo sucedido de la siguiente manera:
«Teplov lo mantenía decentemente, y en aquel año, cuando ya tenía 20 años, en verano, […] dormía con él, Teplov, en el dormitorio. Tras hacerlo llamar a su lecho, primero lo halagó con caricias y le tendió promesas de recompensa; y, al final, también lo intimidó con amenazas de azotarlo, obligándolo a cometer muzhelozhstvo sobre él. […] Y, además, Teplov lo obligaba a hacer tal suciedad en su mejilla, lo cual se veía forzado a hacer, también por miedo a los golpes, y por ello Teplov lo recompensaba, a Kochéyev, con dinero y ropa».
— de los materiales de investigación de la Expedición Secreta
Según los campesinos, Teplov prohibía estrictamente contar a nadie lo que estaba sucediendo, especialmente a los sacerdotes. Kochéyev era un hombre religioso y temía el pecado más que nada. Una vez en la Pequeña Rusia, sin embargo, se decidió a confesarse. Tras escucharlo, el sacerdote impuso al joven una epitimia (penitencia eclesiástica): le prohibió asistir a la iglesia durante trescientos días.
Al parecer, esto le pareció insuficiente a Kochéyev, y más tarde intentó encontrar la purificación espiritual en un sacerdote de Moscú. Este último reaccionó a la confesión de manera sorprendentemente indiferente. El propio Teplov, al enterarse de los tormentos del sirviente, declaró:
«[…] en eso no hay pecado, y son los curas necios los que lo inventaron para su propio provecho, y si dices algo, no te creerán, y yo diré que te has vuelto rabioso o que has perdido el juicio».
— Grigori Nikoláievich Teplov, según las palabras de los campesinos de los materiales de investigación de la Expedición Secreta
Los testimonios de las demás víctimas son en gran medida del mismo tipo. Los investigadores de la Expedición Secreta los registraron en un lenguaje burocrático estándar y no entraron en detalles fisiológicos, centrándose en circunstancias formalmente significativas para la investigación: si el pecado se cometió en días de ayuno y quién de los forasteros sabía lo que había sucedido.
Según los siervos, el amo actuaba de acuerdo con un esquema bien establecido: primero ponía reparos a su trabajo, luego pasaba a las amenazas de golpes y lograba la obediencia, y después a veces obsequiaba a la víctima con dinero o ropa.
Antes de presentar la petición, los campesinos (todos ellos alfabetizados) intercambiaron notas para que sus testimonios coincidieran y parecieran coherentes.
Sin embargo, las diferencias en los episodios individuales muestran que los métodos de presión cambiaban dependiendo del carácter de la víctima. Así, Teplov dejó en paz al lacayo de diecisiete años Alexéi Semiónov después de que el joven informara de una confesión en una iglesia de Moscú. Difícilmente se deduce de esto que el dignatario temiera a los sacerdotes como portadores de autoridad, pero la mera publicidad en la confesión claramente lo obligó a retroceder.
El siguiente en ser interrogado fue Alexéi Yánov, de veintidós años, que servía como mayordomo del conde Razumovski. Tras la violencia, Teplov le advirtió: si el sirviente va a confesarse, es Yánov quien será enviado a un monasterio para arrepentirse, mientras que el propio Teplov «no tendrá ninguna vergüenza». A pesar de la amenaza, Yánov acudió a un sacerdote de Moscú, pero «ese cura le dijo que se mantuviera alejado de ello en la medida de lo posible».
El cuarto testimonio fue el de Iván Tijánovich, de veinticuatro años, natural de la Pequeña Rusia. Según él, Teplov lo violó en el dormitorio de la casa de Razumovski en San Petersburgo. Buscando obediencia, el amo aseguró al joven que tal cosa era un hecho común en la casa del conde.
«Y tú, un joven, puedes llevar el arrepentimiento al Señor Dios en tu mente, y esto es lo mismo que deshonrar a una moza, solo que entre hombres, y en la casa del conde Kiril Grigórievich hay muchos cantores y músicos, y ¿dónde van a encontrar todos mozas para sí mismos?, yo creo que ellos también se corrompen mutuamente, y no soy el único que hace esto, otros también lo hacen, solo tú calla al respecto».
— Grigori Nikoláievich Teplov, según las palabras de los campesinos de los materiales de investigación de la Expedición Secreta
La historia de la quinta víctima, Vasili Lobánov, de diecinueve años, destaca por su carácter demostrativo: según sus palabras, la coacción se produjo justo en la mesa, cuando estaba sirviendo té al amo.
«…hallándose […] en la casa de ese Teplov, le sirvió té. Entonces en privado él, Teplov, habiendo sacado su miembro secreto, cometió malakia [masturbación], […] y luego Teplov lo obligó a hacer tal suciedad en su mejilla, lo cual, también por miedo a los golpes, hizo, y por eso lo recompensó, a Lobánov, con dinero y ropa…».
— de los materiales de investigación de la Expedición Secreta
Los cuatro siervos restantes no pudieron ser interrogados, aunque la denuncia también se presentó en su nombre.
«Yo mismo sé mejor que los curas qué es pecado y qué no lo es».
— Grigori Nikoláievich Teplov, según las palabras de los campesinos de los materiales de investigación de la Expedición Secreta
El resultado del caso resultó ser trágico para los propios querellantes, exactamente lo que Teplov les había predicho desde el principio. La decisión final fue tomada personalmente por Catalina II. Guiada por el pragmatismo político, la emperatriz clasificó los materiales y emitió un decreto que prohibía a las víctimas, bajo pena de muerte, hablar de lo que había sucedido. Después de eso, todos los rebeldes fueron exiliados a Siberia, alistados por la fuerza en el Regimiento de Guarnición de Tobolsk.
Ya en 1715, Pedro I promulgó el «Artículo Militar» (ruso: Воинский артикул; Voinskiy artikul), que castigaba el muzhelozhstvo, pero de jure este código se aplicaba solo al personal militar. Para la población civil del Imperio ruso, no existía una ley secular especial: las relaciones entre personas del mismo sexo se consideraban un delito contra la moralidad sujeto a penitencia eclesiástica. La policía secular intervenía solo en casos de violencia grave o en presencia de un trasfondo político. Teóricamente, Teplov podría haber sido procesado por violencia contra personas no libres, pero los decretos de la década de 1760 privaron sistemáticamente a los campesinos de cualquier subjetividad legal.
Como resultado, Teplov no sufrió ningún castigo. Además, unos años más tarde ascendió al rango de consejero privado y recibió nuevas condecoraciones. Con el tiempo, el dignatario restauró las relaciones con su esposa, y más tarde nacieron sus hijas María y Natalia.
Este caso demuestra claramente la falta de derechos de los siervos en el Imperio ruso. Incluso en la era del «absolutismo ilustrado», los mecanismos de protección del Estado funcionaban exclusivamente en interés de la nobleza. Los siervos eran vistos como mano de obra y propiedad viva, enteramente dependientes del capricho del propietario.

La vida de Teplov después de la investigación
Después del escándalo con los siervos, Teplov cambió sus hábitos y en los años siguientes formó su círculo íntimo ya no con siervos, sino con jóvenes secretarios nobles, entre los cuales se encontraban homosexuales.
En sus memorias, Giacomo Casanova menciona a uno de los amantes de Teplov: el joven teniente Lunín. El veneciano no da su nombre completo, pero los investigadores creen que se refiere a Piotr Mijáilovich Lunín (hermano del general Aleksandr Mijáilovich Lunín y tío del futuro decembrista Mijaíl Serguéievich Lunín), que entonces tenía unos diecisiete años. Casanova describe al joven como tan hermoso que él mismo casi «cedió a la tentación».
«…encontré allí a la pareja viajera, así como a dos de los hermanos Lunín. […] El menor era un rubio bonito, de aspecto enteramente femenino. Contaba entre los favoritos de Teplov, el secretario del gabinete, y, hombre resuelto, no solo se situaba por encima de todo prejuicio, sino que incluso se enorgullecía de que, con sus caricias, podía hechizar a cualquier hombre en cuya compañía se hallase. […] Sin sospechar en mí tales inclinaciones, decidió ponerme en aprietos. Con ese propósito, se sentó a mi lado en la mesa y me hostigó con tal insistencia durante toda la cena que, de buena fe, lo tomé por una muchacha disfrazada. Después de cenar, sentado junto al fuego con él y una francesa atrevida, le hablé de mis sospechas. Lunín, que apreciaba su pertenencia al sexo fuerte, mostró de inmediato una prueba concluyente de mi error. Queriendo ver si yo podía permanecer indiferente ante semejante perfección, se acercó y, cuando se aseguró de haberme complacido, adoptó la posición necesaria —según dijo— para nuestra felicidad mutua. Confieso, para mi vergüenza, que el pecado habría ocurrido de no ser por [la francesa].»
— Giacomo Casanova, «Historia de mi vida»
Cuando los rumores en torno a la Expedición Secreta finalmente se apagaron, Teplov continuó tranquilamente su carrera en los más altos cargos del Estado. Preparó una multitud de informes para Catalina II sobre la reforma del sistema de administración y la economía.
En 1765, el dignatario se convirtió en uno de los fundadores de la Imperial Sociedad Económica Libre. Paralelamente, se dedicó a la creación de gimnasios, financió orfanatos y fue uno de los primeros en comenzar a introducir el tabaco traído de América en la agricultura rusa, enseñando a los campesinos a cultivarlo.
«Teplov: inmoral, audaz, inteligente, hábil, capaz de hablar y escribir bien.»
— el historiador ruso Serguéi Mijáilovich Soloviov, «Historia de Rusia desde los tiempos más antiguos»
Grigori Nikoláievich Teplov murió de fiebre en 1779, a los sesenta y ocho años de edad. Fue enterrado en la Lavra de Alejandro Nevski en San Petersburgo.
El legado de Teplov
Como muchos intelectuales del siglo XVIII, Teplov fue un enciclopedista: una persona de los más amplios intereses, que trabajaba simultáneamente en varios campos del conocimiento y la creatividad.
Además de la pintura, demostró ser un músico talentoso y compilador de la primera colección impresa de romances rusos, «Ociosidad entre quehaceres, o Colección de varias canciones» (1759). Las letras de estas canciones se basan en motivos de amor no correspondido, traiciones y sufrimiento, tramas que satisfacían las demandas de la cultura «sensible» que cobraba fuerza. Los romances de Teplov todavía se interpretan en la actualidad.
▶️ Grigori Teplov – «V otradu grusti» («Consuelo en la tristeza»), romance (YouTube)
«No solo cantaba él mismo con un excelente estilo italiano, sino que además tocaba el violín muy bien».
— el académico Jakob Stählin, «Música y ballet en Rusia en el siglo XVIII»
Además, Teplov actuó como filósofo y traductor. Tradujo las obras de Christian Wolff al ruso y escribió sus propias composiciones filosóficas. La más famosa de ellas es la «Instrucción a un hijo» (1768), donde el autor expone extensamente sobre la moralidad, la bondad y la generosidad. En este tratado, Teplov declaró públicamente ideales cristianos y criticó el volterianismo, que, como se quejaba en conversaciones con el escritor Denís Ivánovich Fonvizin, «corrompía a la juventud». Sin embargo, la élite intelectual sintió perfectamente la falsedad de este moralismo: el poeta Aleksandr Petróvich Sumarókov escribió una mordaz parodia con el mismo título, donde un padre moribundo instruye a su hijo exclusivamente en los vicios.
«El amor, o pasión amorosa, es la más grata y la más insensata de las pasiones. […] Aunque el amor sea ciego, siempre habita en los ojos, y hasta los corazones más orgullosos se rinden ante él. Todo cuanto vive y posee alma le debe la existencia misma. No repara en sexo ni en edad».
— Grigori Nikoláievich Teplov, «Instrucción a un hijo»
Literatura y fuentes
- РГАДА. Ф. 7, оп. 2, ед. хр. 2126. [RGADA — Archivo Estatal Ruso de Documentos Antiguos, fondo 7, inventario 2, expediente 2126]
- Кочеткова Н. Д. Теплов Григорий Николаевич // Словарь русских писателей 18 века, вып. 3. [Kochetkova N. D. — Teplov Grigori Nikoláievich]
- Теплов Г. Н. Наставление сыну. 1768. [Teplov G. N. — Instrucción a un hijo]
- Гусев Д. В. «Обманка» Г. Н. Теплова и неизвестные факты его биографии. [Gusev D. V. — «El señuelo» de G. N. Teplov y hechos desconocidos de su biografía]
- Лаврентьев А. В. К биографии «живописца» Г. Н. Теплова. [Lavrentiev A. V. — Para la biografía del «pintor» G. N. Teplov]
- Смирнов А. В. Григорий Николаевич Теплов – живописец и музыкант. [Smirnov A. V. — Grigori Nikoláievich Teplov, pintor y músico]
- Теплов Г. Н. // Русский биографический словарь, в 25 т. [Teplov G. N. — Diccionario biográfico ruso]
- Осокин М. «Между делом сквернодействия» Григория Теплова. [Osokin M. — «Entre quehaceres, abominaciones» de Grigori Teplov]
- Alexander J. T. Review of Catherine the Great: Art, Sex, Politics by Herbert T. [Alexander J. T. — Reseña de Catherine the Great: Art, Sex, Politics]
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