Andréi Avinoff: artista emigrado ruso, homosexual y científico

Cómo convivieron la ortodoxia, las mariposas, la carrera científica y la erótica masculina.

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Serie 🇷🇺 Historia LGBT de Rusia
Andréi Avinoff: artista emigrado ruso, homosexual y científico

Andréi Nikoláievich Avinoff fue un artista, entomólogo y director de museo ruso, amigo del sexólogo Alfred Kinsey. Fue un apasionado coleccionista, un esteta y homosexual, aunque nunca hizo pública su orientación. En 1917, Avinoff emigró de Rusia a los Estados Unidos. Sus acuarelas homoeróticas solo llegaron a conocimiento del gran público en el siglo XXI.

La exposición póstuma de sus pinturas, celebrada en Pittsburgh en 1953, no hizo mención alguna a esta faceta de su personalidad. En la atmósfera de homofobia que reinaba en los Estados Unidos de aquella época, los organizadores ocultaron deliberadamente la identidad de Avinoff.

Ello hace aún más significativo su legado: tanto por la amplitud de sus intereses como por la complejidad de su vida interior. Avinoff era un artista homosexual y, al mismo tiempo, un tradicionalista ortodoxo que logró alcanzar un éxito sobresaliente en el mundo estrictamente heteronormativo de la ciencia estadounidense.

Este artículo repasa la biografía del artista emigrado ruso que pintó mariposas, ballet, orquídeas, arcoíris, pompas de jabón y hermosos jóvenes.

Orígenes, infancia y primeros intereses

Andréi Nikoláievich Avinoff nació en 1884 en Tulchyn, en el territorio de la actual Ucrania, en el seno de una familia aristocrática. Quienes visitaban la casa lo recordaban como un niño de largos rizos dorados, rasgos delicados y una expresión oral excepcionalmente desarrollada.

La familia pertenecía a la alta nobleza y remontaba su linaje a los Ovínov (ruso: Ovinovy; Овиновы), un antiguo clan de boyardos (nobles de alto rango) de Nóvgorod. Su abuelo, Aleksandr, luchó contra Napoleón en Trafalgar (1805) junto a la flota británica y alcanzó el grado de almirante. Su bisabuelo materno, Vladímir Panáiev (ruso: Vladimir Panaev; Владимир Панаев), fue ministro de la Corte Imperial bajo el zar Nicolás I y participó en la formación de las colecciones del Nuevo Hermitage.

El padre de Avinoff sirvió como teniente general. Su hermano mayor, Nikolái, se convirtió más tarde en un firme reformista liberal, y su hermana, Elizaveta, en una exitosa pintora: retrató a millonarios estadounidenses e incluso a Franklin Roosevelt. Una educación cosmopolita y las institutrices de la casa garantizaron que los niños dominaran a la perfección el inglés, el francés y el alemán.

El joven ciclista Andréi Avinoff
El joven ciclista Andréi Avinoff

«Con una caligrafía fina y elegante —su propia caligrafía— trazó largos mapas, vinculando su pasado con el período anterior al nacimiento de Cristo. Estaba absolutamente convencido de estar emparentado indirectamente con Cleopatra…»

— Alex Shoumatoff. De su libro “Russian Blood: A Family Chronicle” (1982)

Según la leyenda familiar, a los cinco años atrapó su primera mariposa, y a los siete ya leía los libros del entomólogo estadounidense William Jacob Holland. Desde entonces, las mariposas siguieron siendo su pasión principal durante toda su vida.

El padre de Avinoff era un hombre afable. A los niños se les quería, casi no se les prohibía nada y se alentaban sus aficiones (él mismo enseñó a Elizaveta a bordar en punto de cruz). De él heredó Andréi la pasión por el coleccionismo, un humor sutil y la costumbre de recibir a los invitados con atenta generosidad.

En 1893, su padre fue destinado como comandante a Taskent. El pequeño Andréi, de nueve años, viajó allí con su familia atravesando Vladikavkaz, Tiflis, Bakú y el mar Caspio. En Taskent, los Avinoff entablaron amistad con la familia Kérenski y escapaban del calor en las montañas de Chimgán, alojándose en una yurta.

La familia Avinoff. Andréi, su hermano mayor Nikolái, su padre Nikolái, su madre Aleksandra y su hermana Elizaveta
La familia Avinoff. Andréi, su hermano mayor Nikolái, su padre Nikolái, su madre Aleksandra y su hermana Elizaveta

«Aquel verano sufrieron terriblemente a causa del calor. Mi padre recuerda haber oído en su infancia que sus abuelos se sentaban en barriles de agua en Taskent a jugar a las cartas.»

— Alex Shoumatoff. De su libro “Russian Blood: A Family Chronicle” (1982)

Mientras recolectaba mariposas raras de Uzbekistán, Avinoff las pintaba en acuarela. Su miopía congénita le permitía distinguir, sin ayuda de instrumentos, los más ínfimos detalles de la anatomía de los insectos.

Su madre no pudo soportar el clima de Taskent. Al cabo de un año regresó a la finca familiar de Shidéyevo llevándose consigo a Andréi y a su hermana menor. Andréi se instaló en el pabellón de la iglesia. Allí pasaba constantemente de una ocupación a otra, abarrotando la habitación con rapidez, incluso con las cáscaras de las pipas de girasol que comía sin cesar. Para entonces, su colección ya había crecido notablemente y continuaba ampliándose con ejemplares raros.

Con Elizaveta forjó una relación muy cálida. Le enseñaba a dibujar y siempre la ayudaba. En el invierno de 1905, ella modeló en el jardín una estatua de nieve de María Antonieta, y Andréi, que tenía veintiún años, hizo un Voltaire a su lado. Nikolái logró fotografiarlos, pero esa noche el vigilante destrozó las figuras con una pala creyendo que eran ladrones.

Los famosos muñecos de nieve
Los famosos muñecos de nieve

Estudios, servicio y expediciones

En 1905, Avinoff se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Moscú y entró al servicio del Senado Dirigente como asistente del secretario general. Allí revisaba las cartas de personas sospechosas de actividades revolucionarias. En 1911 fue nombrado chambelán de la corte de Nicolás II; en el Cuerpo Diplomático ejercía de director de ceremonias. Esta experiencia diplomática, que requería un tacto excepcional y un profundo conocimiento de la etiqueta, le ayudaría más tarde a integrarse con facilidad en los círculos elitistas de los magnates estadounidenses. Sus permisos, en cambio, los dedicaba al estudio de las mariposas.

El chambelán Andréi Avinoff con uniforme de la corte. 1911
El chambelán Andréi Avinoff con uniforme de la corte. 1911

Una herencia de su tío permitió a Avinoff financiar decenas de expediciones y participar personalmente en viajes sumamente arduos. La primera expedición tuvo lugar en 1908. Durante la segunda, en 1912, atravesó junto con el entomólogo Alekséi Yákobson (ruso: Alexei Jakobson; Алексей Якобсон) y el deportista Mijaíl Mamáiev (ruso: Mikhail Mamaev; Михаил Мамаев) las laderas occidentales del Himalaya: desde la India hasta Ferganá, pasando por Ladakh, el Karakórum y el Turquestán chino.

Su descubrimiento más célebre en el ámbito de la entomología fue una nueva especie de mariposa hallada en el macizo del Pamir en 1913. Avinoff la bautizó Parnassius autocrator («Apolo autócrata»). El nombre fue elegido no solo por el majestuoso aspecto del insecto, sino también en honor al 300 aniversario de la dinastía Románov, subrayando así las simpatías monárquicas de su descubridor.

De la expedición, Avinoff regresó con una colección de ochenta mil ejemplares, que abarcaba cerca del 90 % de todas las especies de mariposas de Asia Central conocidas hasta entonces. En su apartamento de San Petersburgo, los armarios repletos de insectos pasaron a formar parte del mobiliario. Más tarde, tras la revolución, los comunistas confiscaron la colección y la entregaron al Instituto Zoológico de Petrogrado.

En 1913, Avinoff presentó su colección e informó sobre los resultados de sus investigaciones en una sesión de la Sociedad Entomológica de Londres, pronunciando su discurso en un inglés impecable. Por su serie de publicaciones sobre las mariposas de Asia Central, recibió la medalla de oro de la Sociedad Geográfica Imperial Rusa.

En Moscú se organizaron dos exposiciones suyas junto con otros artistas. Avinoff mostraba tanto mariposas como paisajes místicos de ambiente «tibetano»; a su lado colgaban obras abstractas de Kazimir Malévich y Vasili Kandinski. Aquel mismo año conoció a Serguéi Diáguilev.

Andréi Avinoff. «Tíbet: Monasterio en las montañas». 1912
Andréi Avinoff. «Tíbet: Monasterio en las montañas». 1912

Hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial, Avinoff ayudó a financiar otras 42 expediciones similares. A los treinta años, ya había reunido una de las mayores colecciones de mariposas de Europa y había publicado siete artículos sobre sus hallazgos en tres idiomas. Esta asombrosa amplitud de intereses científicos y culturales lo convirtió en uno de los prototipos de Konstantín Godunov-Cherdýntsev, el legendario explorador de Asia Central y padre del protagonista en la novela «La dádiva» (The Gift) de Vladímir Nabokov.

La Primera Guerra Mundial y la emigración

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Avinoff fue eximido del servicio militar por su deficiente visión. Comenzó a trabajar en la Unión de Zemstvos (una organización rusa de ayuda a enfermos y heridos) y cuidó a soldados heridos en la ciudad polaca de Łódź.

En 1915, la Unión de Zemstvos lo envió a Nueva York con una misión diplomática: adquirir medicamentos, munición y equipo militar para el ejército imperial. Fue allí donde Avinoff asistió a una actuación de Vaslav Nijinski, se encontró con el bailarín en los camerinos después del espectáculo y, más tarde, pintó su retrato.

Andréi Avinoff. «Nijinski como fauno». 1918
Andréi Avinoff. «Nijinski como fauno». 1918

En 1916 regresó a Rusia, pero en otoño de 1917, poco antes de la Revolución de Octubre, partió nuevamente hacia Estados Unidos. Esta vez viajó hacia el este a través del recién terminado ferrocarril Transiberiano, pasó por Japón y desembarcó en San Francisco. Formalmente, llegó como representante oficial del nuevo Gobierno Provisional, en el cual su hermano Nikolái ocupaba el cargo de viceministro del Interior. Avinoff aprovechó este viaje para emigrar.

Encontrándose en Nueva York durante la toma del poder por parte de los bolcheviques, telegrafió a su familia exigiéndoles que abandonaran el país inmediatamente. En el invierno de ese mismo año, su madre, su hermana Elizaveta y el esposo de esta, Leo Shoumatoff (ruso: Lev Shumatov; Лев Шуматов), consiguieron subir a uno de los últimos trenes en dirección este y llegaron a Estados Unidos.

Su hermano Nikolái permaneció en Rusia. Esta decisión resultó ser fatal: en 1919 la finca familiar fue destruida, y el propio Nikolái, antiguo reformista liberal, tras sobrevivir a varias detenciones, fue fusilado por la policía secreta durante el Gran Terror estalinista en 1937. Su esposa, María, sobrevivió milagrosamente a las represiones y la ocupación; más tarde emigraría y publicaría sus memorias, «Pilgrimage Through Hell» (Peregrinaje a través del infierno) en 1968. La trágica brecha entre la exitosa integración de Andréi en América y la muerte de su hermano en las mazmorras de Stalin dejó una profunda huella en toda la vida y la obra posterior de Avinoff.

El propio artista apenas pudo salvar de Rusia unos pocos ejemplares de sus mariposas favoritas, un fajo de acuarelas de su segunda expedición y varios cuadros, entre los que se encontraba el «Motivo cretense» (circa 1911-1915). En él aparece un joven desnudo, musculoso y ágil, luchando contra una serpiente gigante; la silueta de su capa evoca el ala de una enorme mariposa. El hecho de que Creta fuese una alusión a la utopía homosexual en el imaginario cultural de finales del siglo XIX y principios del XX refuerza esta simbología.

Andréi Avinoff. «Motivo cretense»
Andréi Avinoff. «Motivo cretense»

Primeros años en Estados Unidos

Al establecerse en Estados Unidos, Andréi y Elizaveta compraron con sus ahorros una granja lechera en Pine Bush, Nueva York. La granja se convirtió en un refugio temporal para los refugiados rusos: una habitación de la planta baja con cuatro camas se transformó casi en un dormitorio común. De día, los recién llegados trabajaban en la huerta, y por las noches se reunían para conversar.

La labor agrícola no prosperó. Sin embargo, un papel clave en la rehabilitación social de la familia lo jugó su vecindad con el elitista centro vacacional Yama Farms Inn en las montañas de Catskill, frecuentado por Thomas Edison, Henry Ford y John D. Rockefeller. El dueño del club, Frank Seaman, reconoció el talento de Andréi y lo ayudó a iniciar su carrera como ilustrador comercial. Pronto, también Elizaveta encontró su vocación dedicándose al retrato. Su marido, Leo, trabajaba en la empresa aeronáutica de Sikorsky y falleció en 1928, al ahogarse accidentalmente.

Andréi Avinoff en Rusia antes de llegar a Estados Unidos
Andréi Avinoff en Rusia antes de llegar a Estados Unidos

Sus habilidades diplomáticas lo salvaron en numerosas ocasiones. En 1919, el príncipe Gueorgui Lvov, primer jefe del Gobierno Provisional, invitó a Avinoff a actuar como traductor en su reunión con el presidente Woodrow Wilson en Washington y, más adelante, en la Conferencia de Paz de París, donde se debatió el orden mundial de posguerra. Esto demuestra que Avinoff no era un simple refugiado, sino que seguía operando en las más altas esferas de la política internacional.

En la década de 1920, valiéndose del interés de los estadounidenses por el arte ruso (Nueva York ya conocía a Léon Bakst, Borís Anisfeld y Nikolái Roerich), Avinoff empezó a ganar buen dinero a través de la publicidad. En 1921 se organizó la primera exposición artística destacada de Avinoff.

En 1924, ganó un premio en la exposición de arte publicitario por una ilustración del jabón de Colgate-Palmolive sobre el fondo de las cumbres nevadas del Himalaya: un paisaje de su propio pasado. Asimismo, colaboró con la empresa de máquinas de escribir Underwood, el fabricante de materiales de construcción Johns-Manville y la marca de automóviles Chevrolet. En 1930, Avinoff diseñó el icónico logotipo de la “S alada” (Winged S) para los helicópteros de Igor Sikorsky, símbolo que se sigue utilizando hoy en día.

Andréi Avinoff. Ilustración para anuncio de Colgate
Andréi Avinoff. Ilustración para anuncio de Colgate

«Quizá sea el único hombre que alguna vez estableció —o intentó establecer— una conexión entre las mariposas y la Revolución Rusa.»

— Geoffrey T. Hellman. De su artículo en The New Yorker, 1948

Regreso a la entomología y trabajo en el museo

«De momento casi he abandonado cualquier esperanza de recuperar esta colección [de mariposas], y no tengo el coraje ni los recursos para empezar una nueva.»

— Andréi Avinoff

Al principio, concentrado en la supervivencia, Avinoff dedicaba escaso tiempo a las mariposas. Quien lo convenció de volver a la entomología fue su colega francés Charles Oberthür, especialista en esfíngidos, que apeló a su deber para con la ciencia.

Su reputación como entomólogo y sus conexiones con el coleccionista Benjamin Preston Clark jugaron a su favor. En 1922, durante una conferencia de entomología, Avinoff se reencontró con William Jacob Holland, director del Museo Carnegie de Historia Natural en Pittsburgh y rector de la Universidad de Pittsburgh. Durante aquella época, Carnegie financiaba con generosidad la ampliación de horizontes de los jóvenes de Pittsburgh: excavaciones arqueológicas, expediciones de investigación y la adquisición de fósiles e insectos para el museo.

El emigrado ruso agradó a Holland, quien le ofreció el puesto de conservador adjunto en el departamento de entomología. En un primer momento, Avinoff se negó porque su trabajo de ilustrador reportaba mayores ingresos, necesarios para su familia, pero en 1924 aceptó. Al ordenar la colección del museo, pronto identificó 23 nuevas especies de mariposas. Como muestra de gratitud, Holland bautizó a una mariposa como Erebia avinoffi en su honor, y a la Thanaos avinoffi en memoria de su abuelo almirante.

«Su arte era un arte de alta cultura, tal como existía en Rusia.»

— John Walker, director de la Galería Nacional de Arte de Estados Unidos

Holland se jubiló poco después. Tras la repentina muerte de su sucesor, Douglas Stewart, la junta directiva tomó en 1926 una decisión audaz: le ofrecieron la dirección del museo a Avinoff. No poseía un doctorado estadounidense ni título en gestión empresarial, pero su cosmopolitismo, conocimientos enciclopédicos y dominio de varios idiomas compensaron la falta de credenciales formales. Avinoff aceptó y dirigió el museo durante los siguientes diecinueve años (1926-1945).

Durante la Gran Depresión logró cuadrar el presupuesto, conservar al personal y financiar 19 expediciones de investigación. Bajo su dirección, el museo realizó numerosas adquisiciones, la más famosa de las cuales fue la compra del esqueleto holotipo del tiranosaurio en 1941 por 7000 dólares. Avinoff reformó el sistema educativo, introdujo la creación de dioramas ecológicos y se adelantó a su tiempo en las formas de divulgar la ciencia.

Dividía su vida según la estricta «regla de las cinco en punto». Como le explicó a su sobrino Nicholas Shoumatoff: «Yo venero el hecho científico hasta las cinco de la tarde. Después de esa hora, puedo tener otras ideas». De día era un administrador y científico conservador; de noche se transformaba en un artista visionario cuyas pinturas traspasaban todas las fronteras que él mismo establecía en las clasificaciones del museo.

En 1927, Avinoff recibió un doctorado honoris causa en Ciencias por la Universidad de Pittsburgh, y en 1928 se naturalizó estadounidense. Impartía clases de bellas artes y biología en la universidad. Allí diseñó en persona la «Sala Rusa», una de las Nationality Rooms de la universidad, aulas diseñadas para reproducir interiores étnicos tradicionales.

La Sala Rusa en las Nationality Rooms de la Cathedral of Learning, Universidad de Pittsburgh
La Sala Rusa en las Nationality Rooms de la Cathedral of Learning, Universidad de Pittsburgh

Las confiscaciones masivas de bienes promovidas por el gobierno bolchevique originaron una ola de ventas de patrimonio ruso en Occidente durante los años 1920 y 1930. En estas subastas, Avinoff adquirió libros con los que conformó una destacada colección de publicaciones rusas sobre arte, arquitectura e historia. Hoy en día, esta valiosísima colección se custodia en la biblioteca de la finca Hillwood. Entre sus tesoros, cuenta con un facsímil excepcional de un Apocalipsis medieval ilustrado.

«Durante un tiempo vi al Dr. Avinoff en reuniones y eventos por el estilo. Debo decir que me causó una profunda impresión. […] Jamás he conocido a nadie que poseyera unos conocimientos tan universales. En cada fiesta intentaba sorprenderle en un renuncio, pero nunca lo conseguía, porque realmente lo sabía todo. Cada vez salía con un dato asombrosamente erudito o algo inesperado. Lo hacía siempre con respeto, como si pidiera disculpas por su propia agudeza. Resultaba sumamente curioso. Tal vez sea un rasgo ruso.»

— John Walker, director de la Galería Nacional de Arte de Estados Unidos

Entre 1925 y 1940, Avinoff viajó seis veces a Jamaica y reunió unas 14 000 mariposas (colección conservada en Pittsburgh). Ansiando «volverse americano», se compró un Chevrolet para recorrer la isla, pero nunca aprendió a conducir: siempre iba al volante su sobrino.

A principios de los años treinta, Avinoff acordó con las autoridades soviéticas la catalogación de su colección rusa nacionalizada tras la Revolución. Desde Leningrado le enviaban partidas de insectos para que las estudiara. Simultáneamente, él compraba especímenes comparables y colecciones enteras para Pittsburgh.

En el ámbito de la ciencia, Avinoff realizó importantes aportaciones a la biología evolutiva. Junto con el joven curador Walter R. Sweadner, investigó las mariposas del género Karanasa. Su monografía “The Karanasa Butterflies, A Study in Evolution” (Las mariposas Karanasa: un estudio de la evolución) (1951) constituyó un hito en el estudio de la dinámica de las zonas híbridas y la especiación geográfica. Los científicos demostraron que, en los territorios donde se solapaban áreas de distribución, se producían cruzamientos que borraban las estrictas fronteras entre especies separadas. En una época regida por el concepto rígido de especie, esta concepción de la fluidez biológica fue innovadora.

Avinoff formó parte de la junta de la Asociación Estadounidense de Museos, presidió el Comité de Museos Científicos de la Sociedad de Naciones, fue nombrado miembro (Fellow) de la Sociedad Entomológica de América e integró la junta de fideicomisarios del Museo Americano de Historia Natural. Desde 1937 y hasta el fin de sus días, Avinoff mantuvo correspondencia con Vladímir Nabokov y es casi seguro que le asesoró en sus investigaciones científicas en la Universidad de Harvard.

Al mismo tiempo, Avinoff pintó doscientas acuarelas a todo color para la obra botánica de Otto Emery Jennings “Wild Flowers of Western Pennsylvania and the Upper Ohio Basin” (Flores silvestres del oeste de Pensilvania y la cuenca alta del río Ohio) (1953). Al ilustrar las plantas a tamaño natural, el artista observó un estricto rigor: se negaba a emplear blanco de plomo para los brillos, optando en su lugar por dejar sin pintar la superficie del papel blanco.

John Walker, director de la Galería Nacional de Arte de Estados Unidos, lo consideraba uno de los grandes pintores florales estadounidenses y adquirió dos obras suyas para la galería: Emergence (Aparición) (hacia 1948) y Tulips (Disintegration) (Tulipanes [Desintegración]) (hacia 1949). En estas obras de madurez, la precisión botánica cedía paso a motivos surrealistas de marchitamiento y descomposición.

Andréi Avinoff. «Recuerdos del hogar en Rusia». 1917
Andréi Avinoff. «Recuerdos del hogar en Rusia». 1917

Los iconos de Hann y las ventas de arte soviético

Alrededor de 1935, el magnate de la aviación George Hann, perteneciente al círculo de amigos homosexuales de Avinoff, adquirió una extensa colección de iconos rusos. Estos fueron vendidos por Antikvariat, una agencia estatal soviética creada para obtener divisas que financiaran la industrialización. Avinoff redactó el catálogo de esta colección para una exposición celebrada en 1944. En Estados Unidos se convirtió en la autoridad máxima sobre arte antiguo ruso: en julio de 1943, el presidente Franklin Roosevelt le expresó su agradecimiento por proporcionarle información sobre los iconos que los embajadores estadounidenses en la URSS le habían regalado.

En 1981, el restaurador emigrado soviético Vladímir Teteriatnikov publicó su ensayo Icons and Fakes (Iconos y falsificaciones), en el cual proclamó que toda la colección de Hann consistía en falsificaciones modernistas manufacturadas por artistas de la Edad de Plata para su comercialización. Teteriatnikov acusó a Avinoff de urdir el mito que legitimó estas imposturas. Aquello supuso un duro golpe al prestigio del entomólogo como experto.

Sin embargo, estudios recientes (Maria Taroutina, Wendy Salmond, Christine Havice) refutan categóricamente esta teoría conspirativa. Los iconos de Hann resultaron ser obras tardías auténticas (del siglo XIX y principios del XX) o tablas antiguas que habían sufrido una agresiva restauración en talleres de viejos creyentes. Los vendedores soviéticos falsearon los documentos y exageraron la antigüedad de las pinturas para venderlas a precios exorbitantes a los incautos estadounidenses. A la hora de la atribución, Avinoff tuvo que fiarse de aquellos documentos trucados y reproducciones de libros, al carecer de acceso a un análisis químico-tecnológico. De este modo, no fue cómplice de un fraude, sino víctima de la cínica estrategia comercial del Estado soviético.

Las esperanzas de Avinoff respecto a la colaboración entre museos internacionales se vinieron abajo al estallar la Segunda Guerra Mundial. También se sumó a las destacadas firmas que protestaron públicamente contra la invasión soviética de Finlandia en 1939.

«Considero que Avinoff es uno de los hombres más grandes del mundo. Él y su hermana llegaron a este país sin recursos y se convirtieron en dos de sus ciudadanos más excepcionales. Me enorgullece América porque eso sucedió. Y me siento orgulloso de ellos.»

— Archibald Roosevelt, hijo del presidente Theodore Roosevelt y amigo de los Avinoff

Sus últimos años: Nueva York, pintura intensiva y fallecimiento

En 1945, tras sufrir un infarto, Avinoff se retiró del museo y se mudó a la mansión de su hermana en Locust Valley, Long Island. En 1948 convenció a Elizaveta para que se instalara junto a él en Manhattan, y ambos alquilaron lujosos apartamentos contiguos en la Quinta Avenida.

Liberado de las limitaciones institucionales, Avinoff se entregó de lleno a la pintura profesional. Pintó naturalezas muertas, paisajes surrealistas e ilustraciones botánicas. A lo largo de cuatro años, pese a su precaria salud, produjo más de doscientas composiciones y fue objeto de once exposiciones individuales. La revista Life proyectaba dedicarle la portada de su número de otoño de 1949.

La portada inédita de la revista Life con Avinoff
La portada inédita de la revista Life con Avinoff

«La mejor vía para comprender la naturaleza y el alma del pueblo ruso es a través del estudio empático de sus afanes creativos expresados en la pintura, la arquitectura, la literatura y la música.»

— Andréi Avinoff. Del prólogo a un catálogo de exposición de arte ruso, 1943

Andréi Avinoff. «Icono, temática anticomunista». Hacia 1940
Andréi Avinoff. «Icono, temática anticomunista». Hacia 1940

Por confesión propia, las ideas políticas de Avinoff eran de derechas. Compartía los prejuicios antisemitas frecuentes entre los conservadores del Imperio Ruso, algo que rememoraban algunos de sus colegas judíos en Pittsburgh.

Avinoff poseía un hondo sentimiento religioso. Mantuvo a lo largo de su vida una firme adhesión a la ortodoxia rusa y reconocía en sí mismo una disposición mística; esta guiaba sus ideales supremos y le acercaba a temáticas rebosantes de simbolismo.

Pese a su tradicionalismo aparente, demostró ser, por lo demás, un hombre enteramente moderno. Asimiló sin reservas el capitalismo y la condición ciudadana en una democracia. A diferencia de gran parte de la emigración blanca, rara vez tomó parte en estériles campañas en aras de derrocar al régimen bolchevique; en lugar de ello, se afanó por preservar e implantar en su nuevo país de adopción todo lo positivo que la cultura rusa podía aportar a la civilización occidental.

Andréi Avinoff. «Morpho: Un recuerdo del pasado». 1948
Andréi Avinoff. «Morpho: Un recuerdo del pasado». 1948

Andréi Avinoff falleció el 16 de julio de 1949. Sus últimas palabras fueron: «el aire, qué puro es». Dos días después se ofició su funeral en una iglesia ortodoxa rusa. En la lápida de su tumba, ubicada en el cementerio de Locust Valley en Long Island, reza el epitafio: «LA BELLEZA SALVARÁ AL MUNDO».

«Al pintar, la fragancia de la rosa parecía emanar de la punta de mi pincel. Yo mismo me convertí en rosa.»

— Andréi Avinoff

▶️ Recuerdos de una antigua alumna de Avinoff (en inglés) (YouTube)

Homosexualidad, arte homoerótico y Kinsey

Uno de los autores fundamentales para la evolución sexual e intelectual de Avinoff fue el pensador vienés Otto Weininger. Su libro “Sexo y carácter” (Geschlecht und Charakter) se editó en alemán en 1903 y generó gran controversia al convertirse en un superventas. La familia tenía conocimiento de esta obra: María, la esposa de su hermano, citaba la teoría de Weininger de que en cada individuo conviven, en mayor o menor grado, genes masculinos y femeninos.

Durante su etapa en Rusia, Avinoff acudía asiduamente a las casas de baños públicas (las banyas rusas). En sus conversaciones con Kinsey, describió aquellos baños de San Petersburgo, provistos de estancias privadas, donde jóvenes masajistas de entre dieciséis y veinte años permanecían «siempre a disposición» (de a uno o en parejas) y atendían a la clientela con suma complacencia.

En Estados Unidos, Avinoff se vio forzado a amoldarse a un clima cultural mucho más puritano y homofóbico que el de la escena bohemia del Petersburgo de la Edad de Plata. Sus editores, por ejemplo, le rechazaron un boceto de portada destinado a la revista Machinist, arguyendo que mostraba «una exhibición excesiva de atributos masculinos».

Andréi Avinoff. Portada de la revista Machinist
Andréi Avinoff. Portada de la revista Machinist

Holland, el director del Museo Carnegie, era célebre por su homofobia, mientras que otro de los protectores científicos de Avinoff, B. Preston Clark, hubo de enfrentarse al suicidio de su hijo homosexual, quien se quitó la vida en 1930 presionado por las convenciones sociales. Durante las décadas de 1930 y 1940, la homofobia institucional en Estados Unidos no hizo sino intensificarse.

Avinoff jamás alardeó de su orientación sexual. Las élites de Pittsburgh lo consideraban un soltero empedernido. No obstante, se integró en un círculo homosexual cerrado y elitista al que pertenecían Roy Hunt, heredero del emporio del aluminio Alcoa; el magnate de la aviación George Hann; y Edgar Kaufmann Jr., quien más adelante sería curador en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York.

En aquella burbuja de riqueza y privilegios, su homosexualidad era vista simplemente como una peculiaridad excéntrica. Hubo contemporáneos que relataron sus apariciones en los salones de Pittsburgh como si fuera «un ser de fábula recién llegado de otro planeta». Al presentarse en cierta ocasión disfrazado de mariposa en un baile, la prensa local le dedicó una caricatura poco velada en las páginas del Pittsburgh Post-Gazette.

«Para él, el arte era un reflejo de la naturaleza. El genio del Dr. Avinoff [abarca] todo el espectro de la experiencia humana. […] Como los maestros del Renacimiento, sobresalió en múltiples ámbitos: fue un eminente científico, artista, especialista de museos, místico y amigo de muchos.»

— Walter Read Hovey, jefe del Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Pittsburgh

Avinoff llevó una existencia reservada a la vez que produjo un prolífico catálogo de arte homoerótico. Sus relaciones amorosas parecen haber sido volátiles, desiguales y efímeras. Además de flores y mariposas, dibujó a mancebos desnudos, ángeles, demonios y espectros. Después de sufrir el infarto en 1945, el artista destruyó la inmensa mayoría de sus creaciones más explícitas: arguyó que «no deseaba legar a su hermana semejantes cosas». Con posterioridad, él mismo se referiría a este acto como a su propio «holocausto».

Andréi Avinoff. «El Elemento del Aire» para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. «El Elemento del Aire» para La caída de la Atlántida

Una de sus series de ilustraciones más admiradas la compuso entre 1935 y 1938 para La caída de la Atlántida (1938), una extensa epopeya lírica en ruso escrita por el poeta exiliado Gueorgui Golokhvástov. Avinoff reunió estos trabajos —originalmente trazados sobre papel empleando carboncillo, tizas, pincel, pluma y técnicas de salpicado y rascado— y los publicó en 1944 como una cartera aparte de fotograbados en edición limitada.

Traducidos al formato fotograbado, los dibujos de Avinoff presentan múltiples niveles de lectura simbólica: conforman una honda meditación sobre el ascenso y la decadencia de las civilizaciones, entrelazando espiritualidad, ambición y deseo. Sus imágenes están habitadas por soberbios «espíritus» masculinos alados.

Andréi Avinoff. «Al umbral de la muerte» para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. «Al umbral de la muerte» para La caída de la Atlántida

La fascinación por la sexualidad propició la amistad de Avinoff con Alfred Kinsey. A ambos investigadores les unía el haber iniciado sus carreras en la entomología (Kinsey estudió las avispas de las agallas) y haber aplicado a la investigación del comportamiento humano las rigurosas pautas de la taxonomía biológica. En enero de 1948, Kinsey sacó a la luz su obra fundacional, El comportamiento sexual del varón humano (Sexual Behavior in the Human Male). Enterado a finales de 1947 de la inminente publicación del libro, Avinoff rompió por fin su prolongado silencio: envió una carta de felicitación a su autor presentándose como «colega entomólogo» y, de facto, reveló su orientación sexual.

«Permítame presentarme. Soy un colega entomólogo… Leí acerca de su próximo libro en la reciente edición del 47, y me interesa enormemente saber cuándo saldrá a la venta… Mis propias observaciones del panorama artístico y teatral en la Vieja Rusia —abarcando tanto a poetas como a escritores— me llevan a preguntarme si no existirán ciertos paralelismos con las condiciones presentes en este país. Ruego disculpe esta misiva de un extraño.»

— Andréi Avinoff. Fragmento de su carta a Alfred Kinsey, a 14 de diciembre de 1947

Se forjó una íntima amistad entre ambos hombres. Avinoff se integró de forma activa en las labores del incipiente Instituto de Investigación Sexual, aportando documentación sobre su propia biografía sexual así como una muestra de seiscientas creaciones artísticas explícitas, y también introdujo a Kinsey en los círculos del mundo LGBT y de la bohemia de Nueva York.

Avinoff albergaba el sueño de instituir un selecto club masculino provisto de dependencias reservadas y engalanadas con frescos de hermosos jóvenes. Llamó a este proyecto APOCATL; el origen del término se desconoce. De acuerdo con su visión, los miembros más veteranos debían reclutar e «iniciar» en la organización a los candidatos jóvenes más prometedores. Los bocetos que diseñó para los frescos de APOCATL se conservan actualmente en el Instituto Kinsey.

Andréi Avinoff. «Hombre desnudo como ángel del Apocalipsis». Década de 1940
Andréi Avinoff. «Hombre desnudo como ángel del Apocalipsis». Década de 1940

«Para Andre, los jóvenes rubios representaban un doble ideal de espiritualidad y sexualidad, algo que le remitía a la imagen bíblica de los ángeles, descritos como seres puros, de índole espiritual y bella.»

— Paul Gebhard, colaborador de Kinsey

En las décadas de 1930 y 1940, Avinoff asistía con asiduidad a clases de dibujo al natural en el Instituto de Tecnología Carnegie. Por aquellos años, también frecuentaba las clases gratuitas de dibujo del Museo Carnegie un joven Andy Warhol (cuyo nombre entonces era Andrej Varchola), procedente de una empobrecida familia de inmigrantes carpato-rusinos. Avinoff formó parte del jurado del concurso de arte de la revista Scholastic, donde el joven Warhol recibió uno de sus primeros galardones. Con posterioridad, Warhol se matriculó en el departamento de diseño del instituto, por lo que ambos artistas volvieron a coincidir en la misma órbita sociocultural.

Avinoff reclutaba con frecuencia a sus modelos para sus obras eróticas de entre el alumnado. Hacia la mitad de los estudios de Warhol, el suave homoerotismo presente en las piezas de Avinoff gozaba de gran circulación en los ambientes estudiantiles. El historiador del arte Blake Gopnik subraya una semejanza pasmosa entre ellos: ambos estructuraron sus narrativas visuales en torno a la iconografía de las mariposas (emblema de la metamorfosis) y de los motivos fálicos. A la postre, Edgar Kaufmann Jr. —integrante del círculo de Avinoff en Pittsburgh— facilitaría a un joven Warhol sus primeros encargos profesionales en Nueva York. De este modo, Avinoff fungió como un vínculo esencial que trasladó la depurada estética LGBT característica de la Edad de Plata rusa al Pittsburgh industrial, desde donde ejercería su influencia en el desarrollo primigenio del estilo Pop Art.

En 2005, el Instituto Kinsey organizó la exposición “Out of Russia: Chagall, Tchelitchew, Avinoff” (Más allá de Rusia: Chagall, Chelishchev, Avinoff), brindando al público general la oportunidad de contemplar por vez primera los dibujos eróticos de Avinoff atesorados en su colección.

Galería

En Andréi Avinoff, los modales intachables, un porte distinguido y su acentuado sentido del humor se daban la mano con una prodigiosa capacidad de trabajo. Desde una perspectiva estricta cabría tildarle de mero ilustrador; sin embargo, en su producción artística volcaba temas que revestían para él la máxima gravedad: su honda percepción mística de la unión entre naturaleza, vida y espíritu. Su estética iba a la par con aquella vehemente ansia de rendir siempre más de lo humanamente exigible.

«A Avinoff debe tenérsele, en justicia, por uno de los supervivientes más relevantes del arte de la Edad de Plata rusa [un florecimiento creativo excepcional en la literatura y el arte rusos a comienzos del siglo XX] que lograron afincarse en los Estados Unidos. Él no se limitó a encarnar con su vida y obra los postulados de la Edad de Plata, sino que además supo inocularlos a la generación venidera de creadores e intelectuales neoyorquinos, los mismos que acabarían convirtiendo su ciudad en el nuevo gran epicentro de la cultura moderna a nivel mundial.»

— Louise Lippincott, Museo de Arte Carnegie

Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida

Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida

Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida

Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida

Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida

Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida

Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida

Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida

Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida

Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida

Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida

Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida
Andréi Avinoff. Ilustración para La caída de la Atlántida

Bibliografía y fuentes
  • Avinoff, Andrey, y Sweadner, Walter R. The Karanasa Butterflies, A Study in Evolution [Las mariposas Karanasa: un estudio de la evolución]. Pittsburgh: Carnegie Museum, 1951.
  • Gopnik, Blake. Warhol [Warhol]. Nueva York: Ecco, 2020.
  • Jennings, Otto E. Wild Flowers of Western Pennsylvania and the Upper Ohio Basin [Flores silvestres del oeste de Pensilvania y la cuenca alta del río Ohio]. Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 1953.
  • Lippincott, Louise. Andrey Avinoff: In Pursuit of Beauty [Andréi Avinoff: En busca de la belleza]. Pittsburgh: Carnegie Museum of Art, 2011.
  • Salmond, Wendy. «Russian Icons and American Money, 1928-1938» [Iconos rusos y dinero estadounidense, 1928-1938]. En: Collecting Old Icons. Russian and Greek Icons 15th-19th centuries [Coleccionismo de iconos antiguos. Iconos rusos y griegos de los siglos XV al XIX], editado por Simon Morsink. Ámsterdam: Snoeck, 2011.
  • Shoumatoff, Alex. Russian Blood: A Family Chronicle [Sangre rusa: una crónica familiar]. Nueva York: Coward, McCann & Geoghegan, 1982.
  • Shoumatoff, Nicholas. Andrey Avinoff Remembered [Recordando a Andréi Avinoff].
  • Teteriatnikov, Vladimir. Icons and Fakes [Iconos y falsificaciones]. Nueva York: Teteriatnikov Art Expertise, 1981.

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